El Papalote Museo del Niño es conocido por ser un espacio donde la curiosidad se despierta jugando, pero pocas veces se habla de su capacidad para acercar a los pequeños y pequeñas regias, y también a los adultos, a las ciencias de la Tierra.
Aunque este museo llegó hace relativamente poco a Monterrey, con alrededor de una década de existencia, y ha operado de manera intermitente, resguarda espacios genuinamente valiosos e innovadores cuando se trata de pensar, dialogar y aprender desde las infancias.
A mí como geóloga me resultó muy poderosa la manera en que se propone y comparte la información sobre la geología y la paleontología que encuentran un lugar protagónico en las diversas salas de exposición.
Dentro del museo, un stand auspiciado por la Cámara Minera de México (CAMIMEX) introduce de manera clara y accesible los tipos de roca, con ejemplos de calizas y lutitas, así como minerales como la barita, el talco y el yeso.
No se trata solo de vitrinas con rocas, si no que los presentan como georrecursos que afloran en nuestra región, materiales que de hecho forman parte de la vida cotidiana y de la historia geológica del noreste de México.
Sin embargo, el verdadero viaje geológico comienza en los pasillos que acompañan la rampa de ascenso y descenso del museo. Estos espacios están literalmente impregnados de conocimiento geológico, transformando un simple tránsito en una experiencia educativa profunda.
Suspendido de forma imponente, el Monstruo de Aramberri observa a los visitantes, convirtiéndose en un fotogénico guardián del museo y en un detonante inmediato de preguntas.
El Monstruo de Aramberri
El llamado Monstruo de Aramberri (Pliosauridae indet. de Aramberri) es el nombre con el que popularmente se conocen los restos fósiles de un enorme reptil marino extinto, un plesiosaurio pliosáurido gigante que habitó durante el Jurásico Superior, específicamente en el Kimmeridgiense, hace aproximadamente 155 a 150 millones de años.
Estos fósiles en el municipio de Aramberri, al sur del estado de Nuevo León.
A lo largo del pasillo del papalote se narra la historia de la Tierra desde su formación hace aproximadamente 4,600 millones de años, el paso por las eras geológicas, la fragmentación de los continentes, y la evolución de la vida, hasta llegar a los fósiles que hoy permiten reconstruir ese pasado.
Es un recorrido, a mi parece, muy bien logrado, que no subestima al público infantil ni simplifica en exceso conceptos ténicos.
El énfasis en el Monstruo de Aramberri conecta directamente la ciencia global con una localidad específica, reforzando la idea de que el patrimonio paleontológico no es algo lejano ni exclusivo de otros países.
¿Para qué recurrir a la imponente cabeza de un T. rex, proveniente de otro tiempo y de un ambiente geológico distinto, cuando podemos traer a colación a los grandes monstruos que habitaron nuestro propio territorio? A ello se suman referencias a los extraordinarios afloramientos fósiles tipo Lagerstätte de Vallecillo, reconocidos internacionalmente por su excepcional preservación.
La calidad de los fósiles y del contenido geológico y paleontológico expuesto es destacable.
Honor a los paleontólogos
Hacia el final del recorrido, un detalle profundamente significativo, fotografías de paleontólogos y paleontólogas reales, que no son figuras ficticias ni creadas con IA, sino científicos en activo, colegas que continúan forjando el camino de estas disciplinas en el país.
Junto a ellas, se exhiben herramientas de trabajo, reivindicando las labores de campo, laboratorio y análisis reivindicando el valor del trabajo geológico y paleontológico.
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