Hay proyectos que te emocionan desde antes de salir a la luz, así me pasó con la inauguración del museo Tierra de Dinosaurios.
Y no es para menos pues no todos los días se abre un espacio de divulgación científica en nuestra región, y menos uno que, además, se encuentra dentro de otro sitio con tanta historia como la Fábrica El Porvenir, en el municipio de Santiago, Nuevo León. Desde que supe que sería un museo “dentro de otro museo”, me pareció una idea muy valiosa. Por un lado, encuentras la memoria industrial y por otro, la memoria paleontológica. Dos escalas de tiempo completamente distintas conviviendo en un mismo lugar.
El recorrido está pensado para que cualquier persona, no importa si está familiarizado con los fósiles o no, pueda despertar su curiosidad y divertirse.
Y eso, desde mi trinchera como geóloga y divulgadora, se agradece muchísimo. Porque una cosa es estudiar procesos en artículos o en laboratorio, y otra muy distinta es ver cómo se traducen en experiencias que realmente conectan con la gente. Puedo asegurar que Tierra de Dinosaurios realmente se ha preocupado por este último punto.
Al comenzar el recorrido hay una sección dedicada a los amonites, son una puerta de entrada perfecta para hablar de antiguos ambientes marinos como lo que fue Nuevo León.
También se explican los tipos de fosilización, que muchas veces damos por hecho. La mineralización, la carbonización, los moldes o incluso la conservación en materiales como ámbar o hielo, son procesos que suenan técnicos, pero en Tierra de Dinosaurios se vuelven entendibles y representados con las valiosas piezas de exposición.
En cuanto a los dinosaurios, hay una mezcla que funciona muy bien entre lo que todos conocen y lo que deberíamos conocer más. Por un lado, están los clásicos como el Tyrannosaurus rex y el Triceratops, que inevitablemente atraen a todos los expertos y aficionados de los “dinos”. Pero lo que a mí más me emociona es ver representadas especies vinculadas con nuestro país, como Velafrons coahuilensis o Coahuilaceratops magnacuerna.
Si hablamos de historia local, no podía faltar el famoso Monstruo de Aramberri. Este fósil nos recuerda que en Nuevo León también hay registros paleontológicos relevantes. A veces pensamos que todo están “en otro lado” o que “aquí no hay nada”, cuando en realidad tenemos una variedad de fósiles aquí mismo.
Además de cada pieza y las instalaciones, lo que realmente me parece valioso es que existan estos espacios. Museos como este hacen algo fundamental, acercan la ciencia y la sacan del lenguaje técnico, del aula, del paper, y la ponen en un contexto donde cualquiera puede apropiarse de ella. Así que sí, vayan.
Agradezco a la Maestra Karina González, al Dr. Juan Alonso Ramírez Fernández y al biólogo Hernán Gutiérrez por hacerme parte de este proyecto. Adquiere tus boletos y consulta los horarios en: www.tierradedinosaurios.ca
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