En la Huasteca Potosina la Sierra Madre Oriental se viste de selva
¿Qué tienen en común las montañas que vemos todos los días en Monterrey con las imponentes cascadas de la Huasteca Potosina?
La respuesta puede encontrarse en un viaje por carretera, una visita turística o incluso echándole un vistazo a google maps. La semana pasada tuve la oportunidad de hacer trabajo de campo en Tamazunchale, al sur de San Luis Potosí. Aunque a primera vista parecen paisajes completamente distintos, ambos forman parte de una misma historia geológica, la de la Sierra Madre Oriental.
La región de la huasteca abarca el sureste de San Luis Potosí, el norte de Veracruz, el este de Hidalgo, el norte de Puebla y pequeñas porciones de Tamaulipas, Querétaro y Guanajuato. La Huasteca Potosina, es una de las regiones geográficas que precisamente se encuentran en el estado de San Luis Potosí, abarca una extensión aproximada de 11,409 km2, es decir el 18.3% de la superficie estatal. En la Huasteca Potosina convergen tres grupos étnicos tének, náhuatl y xi’uy, además de la población mestiza (Cabrera, 2002; Larraga-Lara, 2014). De hecho, mi origen familiar se relaciona con los macehuales, también llamados indígenas nahuas, lo que me ha impulsado a comprender y valorar la riqueza de esta región.
Entre los lugares de mayor interés ecoturístico en la Huasteca Potosina se encuentran la cascada de Tamul, el Sótano de las Golondrinas, los extensos jardines de Xilitla y lugares llenos de aulas geológicas como Tamazunchale, que recomiendo ampliamente visitar con responsabilidad.
Tamazunchale, geológicamente, se encuentra en la Sierra Madre Oriental, la misma provincia fisiográfica que atraviesa Nuevo León y da origen a montañas emblemáticas como el Cerro de la Silla, Cerro de las Mitras o el Topo Chico. Cuando vemos el paisaje de Monterrey divisamos ecosistemas como zonas áridas, matorrales y algunos bosques templados, este último principalmente en la montaña. Aguántanos calorones, sequías y lluvias por temporadas. Mientras que, en la región de la Huasteca, el ecosistema se vuelve a selvas tropicales, bosques húmedos y humedales, añadiéndole sus abundantes ríos turquesa y un clima al que los regios no estamos tan acostumbrados, un clima cálido y húmedo. La geología es muy similar, pero lo que cambia principalmente es el clima, y con él, el paisaje.
Durante esta salida a campo observamos afloramientos de rocas cuya historia se remonta principalmente al Mesozoico y al Cenozoico, es decir, desde hace 252 millones de años hasta la actualidad. Muchas de estas capas de rocas se formaron cuando esta región estaba cubierta por mares donde se acumularon sedimentos durante millones de años. Mucho tiempo después, esos antiguos fondos marinos fueron comprimidos, plegados y elevados para formar la gran cordillera que hoy conocemos como la Sierra Madre Oriental. Al proceso de formación de cadenas montañosas como esta les llamamos orogenia. Una vez levantadas las montañas, el agua comenzó un paciente trabajo de escultura, un proceso que conocemos como erosión. Durante millones de años, los ríos aprovecharon fracturas y zonas de debilidad de las rocas para abrir cañones, alimentar manantiales y dar origen a las imponentes cascadas.
Si aún no conocen la Huasteca Potosina los invito a visitarla y conocerla siempre respetando sus ecosistemas, flora y fauna. Vale la pena refrescarse en el agua turquesa, ver los grandes taludes de roca, guardar instantáneas de los paisajes y por supuesto disfrutar de la deliciosa gastronomía y de la cultura.
Como podrán imaginar, descubrir la historia que guardan sus rocas y paisajes es también se ha vuelto una experiencia muy personal y significativa, siento que regreso a un lugar que también es mi hogar.
Cabrera, A. J. (2002). La Huasteca potosina: ligeros apuntes sobre este país. CIESAS
Larraga-Lara, R. (2014). Caracterización multidimensional de la vivienda tradicional en la Huasteca Potosina. Revista Caribeña de Ciencias Sociales, 2014, 1-22.