Grillo Sada: ¿Opción de “VIDA” o pura supervivencia política?
Hernán Sada, mejor conocido como “El Grillo”, es uno de esos personajes que solo la sociedad regiomontana podría engendrar: polémico, sin filtros, rodeado de lujos ostentosos y con un carácter frontal que genera pasiones extremas. Se le ama o se le odia, pero jamás pasa desapercibido.
Esa misma necesidad de reflectores lo llevó hace unas semanas a buscar la candidatura de MORENA para la gubernatura de Nuevo León. La aventura duró poco: el partido de la autollamada Cuarta Transformación le cerró la puerta en la cara y le negó el registro. Sin embargo, en el tablero político local, ningún perfil con arrastre mediático se queda mucho tiempo sin postor.
La fórmula del rescate: Votos por registro
Ante el portazo guinda, entra en escena Jaime Ochoa. Aún dolido por el fracaso nacional de su proyecto México Tiene Vida, Ochoa busca desesperadamente cuadros para su versión estatal, VIDA Nuevo León.
Seamos claros: no está buscando un perfil para gobernar o transformar al estado, sino a un “candidato imán” que le asegure los votos mínimos para no perder las prerrogativas y el registro local.
La estrategia no es nueva, es puro pragmatismo norteño. En el proceso electoral anterior, recurrieron a la misma fórmula contratando a otro personaje salido de la farándula política: Pato Zambrano. Fue gracias a los votos cosechados por el ex Big Brother que el partido logró sobrevivir.
Plan B
Si la opción del “Grillo” no se concreta, el “Plan B” promete subirle aún más el volumen a la polémica. Se rumora que la otra carta bajo la manga es Gilberto Lozano.
Para quienes requieran refrescar la memoria:
Lozano fue un alto directivo en FEMSA y presidente del Club de Fútbol Monterrey.
En los últimos años mutó al activismo radical, encabezando frentes de oposición feroz contra MORENA, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum
Un espectáculo garantizado
Ya sea con la estridencia adinerada del Grillo Sada o con la retórica incendiaria de Gilberto Lozano, el partido VIDA deja al descubierto su verdadera naturaleza: no busca una plataforma ideológica ni una propuesta seria de gobierno, sino un espectáculo que venda boletos en la urna.
Nuevo León se encamina, una vez más, a una contienda donde el civismo cede su lugar al entretenimiento. La única duda que queda es: ¿hasta cuándo los votantes seguirán comprando la entrada para este circo?