Del “no estás solo” al “sí estás solo”
Claudia Sheinbaum sigue teniendo la última palabra en Morena. Bastó un mensaje en X para cuestionar el regreso de Rubén Rocha Moya a sus funciones como gobernador de Sinaloa para que, casi de inmediato, los principales bastiones guindas cerraran filas con la presidenta.
La escena resulta paradójica.
Hace apenas unos meses, muchos de esos mismos actores políticos participaron en aquella toma de tribuna en la que, al unísono, gritaban “¡No estás solo!”, en respaldo al gobernador sinaloense.
Hoy, sin embargo, el discurso cambió. El regreso de Rocha Moya sin una señal de aprobación desde Palacio Nacional ya no parece ser motivo de respaldo, sino de incomodidad.
Y el asunto debe tratarse con pinzas. No es cualquier cosa que el gobierno de Estados Unidos haya señalado presuntos vínculos con el crimen organizado y que, posteriormente, la Fiscalía General de la República abriera una carpeta de investigación. Son señalamientos que, por su gravedad, inevitablemente colocan al gobierno sinaloense bajo una lupa nacional e internacional.
Pero más allá del caso Rocha, hay una lectura política que no puede ignorarse: Sheinbaum está marcando distancia, poco a poco, con el Morena de Andrés Manuel López Obrador.
No necesariamente con confrontaciones públicas ni con rupturas estridentes. Lo hace mediante decisiones, señales y, sobre todo, mediante la construcción de una estructura propia de aliados en posiciones estratégicas dentro del partido.
El mensaje parece claro: el liderazgo de Morena ya no depende exclusivamente de quien fundó el movimiento, sino de quien hoy ocupa la Presidencia de la República.
Y Sinaloa puede convertirse en una prueba de fuego.
Por ahora, la entidad no tiene gobernador en funciones, sino un encargado del despacho. Pero el verdadero problema para Morena está más adelante: la elección.
Porque si el partido pierde Sinaloa en la próxima contienda, la lectura política será mucho más dura que una simple derrota electoral. Podría interpretarse como el fracaso de un gobierno que no logró recuperar la seguridad ni contener la violencia.
De aquel “no estás solo” que retumbaba en el Congreso, hoy parece quedar una pregunta incómoda:
¿En qué momento dejaron solo a Rocha Moya?
Y, sobre todo, ¿quién decidió que ya era momento de hacerlo?