Messi, la hormona del crecimiento y la ingeniería de fabricar medicina
Hay historias deportivas que parecen escritas solo con talento, disciplina y destino. La de Lionel Messi suele contarse así: un niño pequeño en Rosario, una pelota pegada al pie, una zurda imposible y un camino que lo llevó a convertirse en uno de los mejores futbolistas de la historia. Pero dentro de esa historia hay también un capítulo menos visible, profundamente humano y científico: su tratamiento con hormona del crecimiento durante la infancia.
Messi no recibió hormona del crecimiento para volverse mejor futbolista. La recibió porque, según se ha documentado ampliamente, fue diagnosticado con una deficiencia hormonal que afectaba su desarrollo físico. El tratamiento buscaba algo mucho más básico y más importante: ayudar a su cuerpo a crecer de acuerdo con lo que biológicamente le correspondía.
Y ahí comienza una historia fascinante de ingeniería. La hormona del crecimiento humana es una proteína producida naturalmente por la glándula hipófisis. Su función es coordinar procesos relacionados con el crecimiento, el metabolismo y el desarrollo. Durante décadas, cuando algunos niños no producían suficiente cantidad de esta hormona, el tratamiento era extremadamente limitado: se obtenía de hipófisis humanas de donantes fallecidos. Era un recurso escaso, difícil de purificar y con riesgos sanitarios.
Entonces llegó una de las revoluciones más importantes de la biotecnología moderna: aprender a fabricar proteínas humanas usando microorganismos. La idea era audaz. Si el ADN contiene instrucciones, entonces podíamos copiar la instrucción genética para producir hormona del crecimiento humana e introducirla en una bacteria como Escherichia coli. Esa bacteria no producía la hormona por naturaleza. Fue la ingeniería genética la que la convirtió en una pequeña fábrica biológica.
El proceso exigía precisión. Había que aislar o sintetizar el gen correcto, insertarlo en un plásmido, introducirlo en la bacteria, lograr que se expresara, cultivar millones de células en condiciones controladas y después purificar la proteína hasta obtener un medicamento seguro. No era solo biología molecular: era fermentación, control de calidad, bioseparaciones, regulación, escalamiento industrial e ingeniería de procesos.
Lo impresionante es que una molécula que antes dependía de tejido humano escaso pudo producirse de manera más controlada, reproducible y segura. La hormona del crecimiento recombinante abrió una nueva etapa en la medicina: la posibilidad de fabricar terapias humanas mediante organismos programados. Esa misma lógica transformó después muchas áreas de la salud. Insulina, anticuerpos, factores de coagulación, vacunas y enzimas terapéuticas forman parte de una revolución en la que las células se volvieron plataformas de manufactura. La fábrica ya no era solo un edificio con máquinas de acero; podía ser también un microorganismo cultivado en un biorreactor.
El caso de Messi ayuda a entender el impacto humano de esta tecnología. Detrás de un tratamiento médico hay familias, médicos, decisiones difíciles y sueños que continúan abiertos gracias a la ciencia. La hormona no explica su talento, su visión de juego ni su disciplina. Pero sí nos recuerda que la biotecnología puede quitar obstáculos biológicos que antes parecían imposibles de superar.
La próxima vez que escuchemos hablar de hormona del crecimiento, conviene verla más allá del deporte o de la polémica. En su uso médico legítimo, representa una de las grandes conquistas de la ingeniería biológica: tomar una instrucción escrita en ADN, transferirla a un microorganismo y producir una proteína capaz de cambiar vidas.
Porque quizá una de las mayores maravillas de la ingeniería moderna no fue solo construir máquinas más grandes, sino aprender a escribir instrucciones en los seres vivos. Y a veces, esas instrucciones ayudan a que un niño pueda crecer, jugar y perseguir el futuro que imaginaba.
“La ciencia no es solo una disciplina de la razón, sino también del romance y la pasión.”
— Stephen Hawking
Dr. José Rubén Morones Ramírez
El Ingeniero Regio
* Profesor e Investigador
* Centro de Investigación en Biotecnología y Nanotecnología (CIByN)
* Facultad de Ciencias Químicas
* Universidad Autónoma de Nuevo León.
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