El súper Niño
Hay datos que uno lee y piensa, bueno seguramente es una exageración u otra noticia científica más. Luego recuerda que vivimos en Monterrey donde podemos pasar de “¿a esto le llamas tormenta?” a “¿quién dejó prendido le horno? En cuestión de un par de horas, y entonces quizá convenga prestar un podo más de atención a lo que pasa a nivel global.
Esta semana la Organización Meteorológica Mundial (OMM) lanzó un comunicado oficial mencionando que El Niño se está fortaleciendo y podría convertirse en un evento inusualmente fuerte hacia finales del 2026, con efectos que podrían prolongarse hasta finales de 2027.
Y antes de que alguien piense que El Niño es simplemente sinónimo de “va a hacer más calor”, vale la pena volver a checar qué es este fenómeno.
El Niño es la fase cálida de un fenómeno mucho más amplio conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un ciclo que ocurre de manera periódica, aproximadamente cada dos a siete años, y que involucra tanto al océano como a la atmósfera. Por un lado, tenemos el calentamiento anormal de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial; por el otro, cambios en la presión atmosférica conocidos como Oscilación del Sur. Cuando el Pacífico cambia de temperatura, la atmósfera también responde y se modifican los patrones de lluvia, temperatura y circulación del aire en distintas partes del planeta. Es como mover una bola de billar sobre la mesa: quizá solo empujamos una, pero las demás terminan reaccionando.
El Servicio Meteorológico Nacional también advirtió que desde agosto el Niño continuaba fortaleciéndose y estimaba una probabilidad superior al 90% de que alcanzara una intensidad muy fuerte durante el otoño-invierno de 2026-2027.
LA OMM señala que el fortalecimiento de El Niño puede aumentar el riesgo de condiciones extremas en distintas partes del mundo, como sequías, inundaciones, olas de calor, lluvias torrenciales y otros fenómenos asociados con los procesos atmosféricos. En este sentido, es preciso señalar que El Niño no produce exactamente el mismo efecto en todos los lugares, en alguna región pude causar una sequía, mientras que otra puede recibir lluvias extraordinarias.
Los datos del SMN muestran que entre julio y agosto la temperatura superficial del mar en buena parte del Pacífico Ecuatorial centro-oriental aumentó entre 1.5 y 2°C, con anomalías superiores a 2°C y zonas cercanas a las costas de Sudamérica alcanzaron hasta 3.5°C.
En nuestro país es un tema que merece atención, debido a los cambios de patrones de lluvia y temperaturas que podrían modificarse, además de verse envueltos en implicaciones con el agua, la agricultura, la infraestructura y nuestra vida cotidiana.
Ante una situación tan importante como esta lo más sensato es informarnos con fuentes oficiales como la OMM, el SMN y los organismos especializados precisamente para eso.