Papel picado: la tradición del Día de Muertos que esconde ingeniería
Con la cercanía del Día de Muertos, las ofrendas empiezan a llenarse de flores, fotografías y papel picado. Miramos sus colores y sus figuras, pero rara vez pensamos en lo que permite que permanezcan unidas. Detrás de una calavera recortada hay una pregunta ingenieril: ¿cuánto podemos quitarle a una hoja sin que deje de sostenerse?
En los talleres artesanales, un dibujo guía el trabajo de cinceles y martillos sobre varias hojas superpuestas. Cada corte crea una figura, pero también modifica su estructura. El artesano no solo decide qué retirar: debe conservar pequeñas uniones para que el diseño siga siendo una pieza y no termine convertido en fragmentos.
Esos puentes de papel son discretos, pero esenciales. Conectan las figuras y transmiten fuerzas hacia las zonas de soporte. Si quedan demasiado delgados, pueden romperse; si desaparecen, una parte del dibujo se desprende. La belleza de la pieza depende también de una red de conexiones que normalmente no vemos.
Esto no significa que hacer agujeros vuelva automáticamente más resistente al papel. Quitar material puede debilitarlo. Lo interesante es que la posición, la forma y el tamaño de los cortes cambian su comportamiento. Es una lección de diseño: no solo importa de qué está hecho algo, sino cómo está organizado.
Una idea semejante aparece en el kirigami, el arte japonés de cortar papel que ha inspirado investigaciones en ingeniería de materiales. No se trata de afirmar que estas tecnologías nacieron del papel picado mexicano, sino de reconocer una conexión: los espacios vacíos también pueden cumplir una función.
Con patrones de cortes cuidadosamente diseñados, una lámina puede desplegarse, estirarse o adoptar formas tridimensionales. No porque sus moléculas se vuelvan elásticas, sino porque sus partes giran y se flexionan. Cambiar la geometría permite obtener respuestas distintas sin cambiar necesariamente la composición del material.
En Harvard, por ejemplo, investigadores desarrollaron un robot blando recubierto con una lámina cortada. Al estirarse, los cortes levantaban pequeñas escamas que se agarraban al suelo y ayudaban al robot a avanzar. Una superficie inicialmente plana adquiría una función mecánica gracias al diseño de sus cortes.
El papel picado no necesita convertirse en robot para tener valor. Ya reúne destreza, memoria y belleza. Pero mirarlo desde la ingeniería permite apreciar otra dimensión del trabajo artesanal: resolver con las manos problemas de forma, continuidad y resistencia.
La próxima vez que veamos papel picado sobre una ofrenda, observemos también sus vacíos y sus pequeñas uniones. Porque a veces diseñar no consiste en añadir piezas, sino en comprender qué podemos quitar y qué debemos conservar para que todo siga unido.
“Los detalles no son los detalles: hacen el producto, igual que los detalles hacen la arquitectura.” — Charles Eames
El Ingeniero Regio
Dr. José Rubén Morones Ramírez
- Profesor e Investigador
- Centro de Investigación en Biotecnología y Nanotecnología (CIByN)
- Facultad de Ciencias Químicas
- Universidad Autónoma de Nuevo León.