Cuando suena la alarma
Hay sonidos que conforme vamos creciendo no necesitan explicación o referencia para saber a qué se refieren. El timbre de la escuela, la alarma de un automóvil, un mensaje de whatsapp. Y, para muchas personas en México, hay uno que tiene un significado muy particular, el sonido de la alerta sísmica.
Para quienes han pasado la angustia e incertidumbre de vivir un terremoto, escucharla puede producir nervios, recuerdos negativos e incluso sobresaltos. Pero ¿qué significa esta alarma y por qué la escuchamos el pasado sábado 19 de septiembre?
La alerta símica nos indica que un sismo ya comenzó en algún lugar y, si las condiciones lo permiten, tenemos unos segundos para prepararnos antes de que las ondas sísmicas con más intensidad lleguen al punto geográfico en el que nos encontramos.
Nuestro país, México es un país sísmicamente activo porque se encuentra en una región donde interactúan varias placas tectónicas, sobre todo en la costa oeste La superficie rígida de nuestro planeta está fragmentada en grandes bloques llamados placas tectónicas. Estas placas se encuentran en movimiento constante, aunque ese movimiento no es muy perceptible en la vida cotidiana, los sismos son una gran manera de mostrarnos su fuerza.
México se encuentra en una región donde interactúan al menos cinco placas, la Norteamericana, la de Cocos, la de Rivera, la del Pacífico y la del Caribe. La Placa Norteamericana abarca gran parte del territorio continental de México y es la placa sobre la que se encuentra nuestro país. Esta placa interactúa con otras placas mediante límites tectónicos.
Frente a buena parte de las costas del Pacífico se encuentra la Placa de Cocos. Desde las costas de Michoacán hasta Chiapas, esta placa se introduce por debajo de la Norteamericana, mediante un proceso conocido como subducción. La interacción de estas dos placas es la responsable de la mayoría de actividad símica que se traslada al centro y sur de México.
Más hacia el noroeste se encuentra la Placa de Rivera, frente a las costas de Jalisco y Colima, también interactúa mediante subducción y generando sismos. En la Península de Baja California encontramos la Placa del Pacífico, que interactúa con la Norteamericana principalmente mediante fallas de movimientos laterales. Al sureste del país se encuentra la Placa del Caribe, que participa en una configuración tectónica de la región de Chiapas y Centroamérica.
Los sismos se producen cuando se libera súbitamente energía acumulada en el interior de la Tierra, esta energía se propaga en forma de ondas sísmicas. Entre ellas están las ondas P y las ondas S. Las primeras viajan más rápido y suelen ser detectadas antes; las segundas llegan después y producen movimientos que pueden resultar más dañinos. Esa diferencia de velocidades es fundamental para entender cómo funciona una alerta sísmica.
El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, conocido como SASMEX, cuenta con sensores que vigilan continuamente el movimiento de las placas. Cuando ocurre un sismo, los sensores detectan sus primeras ondas, además de procesar la información y estiman características del evento, que en las mejores circunstancias ayuda a generar un sistema de alerta.
El tiempo de anticipación no es fijo, este depende principalmente de dónde ocurrió el sismo y de la distancia que existe entre el epicentro y la población que recibe el aviso. Si el sismo ocurre muy cerca, puede sentirse prácticamente al mismo tiempo que se recibe la alerta, o incluso antes. Es importante mencionar que la alerta sísmica no predice un sismo, el sismo ya está ocurriendo cuando el sistema lo detecta.
¿Si el sismo ya está ocurriendo para qué sirve esa alerta y esos segundos de alerta? Dependiendo de dónde nos encontremos, escuchar la alerta puede permitirnos alejarnos de ventanas y objetos que puedan caer, colocarnos en una zona de menor riesgo, detener procesos peligrosos, suspender determinadas actividades o iniciar procedimientos de emergencia.
Sin embargo, para estos momentos se realizan simulacros, para entender la alerta e inmediatez de estos segundos. Un simulacro nos sirve para practicar una respuesta antes de necesitarla de verdad, en este proceso debemos reconocer rutas de evacuación, zonas de menor riesgo, responsabilidades, puntos de reunión, etc.
Septiembre, histórica y popularmente, ha adquirido un significado muy importante respecto a la prevención, simulacros, protocolos y sismos.
El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 de la mañana, un sismo de magnitud 8.1, con epicentro en las costas de Michoacán, provocó una de las mayores tragedias sísmicas de la historia contemporánea de nuestro país, donde la Ciudad de México resultó particularmente afectada. En este desafortunado evento se perdieron valiosas vidas, edificios colapsaron y fue una gran tragedia para México. Sin embargo, a partir de esta fecha hubo un cambio significativo en la manera de entender la prevención, la construcción, la respuesta ante emergencias y la participación de la sociedad.
Décadas después, el 19 de septiembre de 2017, otro sismo, esta vez de magnitud 7.1 y con epicentro cerca de Chiautla de Tapia, Puebla, volvió a provocar graves daños en la Ciudad de México y otros estados principalmente del centro y sur del país. Y aquí aparece una coincidencia que suele alimentar una idea muy extendida, que septiembre es “el mes de los sismos”, pero la Tierra no conoce nuestro calendario y esto solo se trató de una desafortunada coincidencia.
Por eso, cada 19 de septiembre no estamos ensayando para que tiemble. Estamos practicando los protocolos y la manera más segura de resguardarnos porque puede temblar. Así que la próxima vez que suene nuestro teléfono con la alarma sísmica, quizá podamos respetarla y recordarla con el respeto que le concierne.
Aunque nosotros nos ubiquemos en el estado de Nuevo León, recuerden que estamos en una zona de constante reactivación de fallas antiguas que hasta ahora solo han producido microsismos, así que nos conviene mantenernos informados y prevenidos.