Ver es algo tan cotidiano que rara vez pensamos en su complejidad. Abrimos los ojos cada mañana y el mundo aparece: formas, colores, profundidad. Pero esa experiencia depende de una estructura transparente de apenas medio milímetro de espesor: la córnea. Cuando se daña, la luz deja de entrar con claridad. Y lo que parecía obvio se vuelve incierto.
La córnea es el “vidrio” natural del ojo. Está compuesta principalmente por fibras de colágeno organizadas con una precisión microscópica. Esa alineación casi perfecta es la que permite que la luz pase sin dispersarse. Si esa arquitectura se altera —por infecciones, traumatismos o enfermedades degenerativas— la transparencia se pierde y la visión se compromete.
Durante décadas, el trasplante de córnea ha sido una de las cirugías más exitosas de la medicina moderna. Pero detrás de ese procedimiento hay mucho más que un acto quirúrgico: hay ingeniería.
Primero, está la conservación del tejido donado. La córnea debe mantenerse en condiciones estrictas de temperatura, esterilidad y nutrientes para preservar la viabilidad celular. Cada banco de tejidos opera bajo protocolos rigurosos donde el control de variables es fundamental. No es solo biología; es control de procesos.
Luego está la cirugía misma. Las técnicas actuales permiten reemplazar capas específicas de la córnea, no necesariamente toda la estructura. Eso requiere instrumentos de altísima precisión y conocimiento detallado de la biomecánica del tejido ocular. Es microingeniería aplicada al cuerpo humano.
Hacia el cultivo de córneas
Pero quizá lo más fascinante es el avance hacia el cultivo de córneas en laboratorio. La ingeniería de tejidos trabaja hoy en el desarrollo de andamios biocompatibles y matrices de colágeno que imitan la estructura natural. El desafío no es solo lograr que las células crezcan, sino que se organicen correctamente para mantener la transparencia. Un pequeño desorden en la disposición de las fibras puede convertir un tejido en algo opaco.
Aquí aparece un concepto poderoso: la transparencia es orden. Y el orden, en biología, no es espontáneo. Debe diseñarse, cultivarse, mantenerse.
Aun con todos estos avances, el trasplante sigue dependiendo de la donación de tejidos. La ingeniería puede perfeccionar técnicas, desarrollar biomateriales y optimizar procedimientos, pero el primer paso sigue siendo un acto humano de solidaridad.
Restaurar una córnea no es solo reparar una estructura. Es devolver profundidad, color, distancia. Es permitir que alguien vuelva a leer, reconocer un rostro o ver un amanecer.
La ingeniería, en este caso, no construye puentes ni máquinas visibles. Construye algo más delicado: la posibilidad de volver a mirar el mundo con claridad.
Y recordar que: “Lo importante es no dejar de cuestionar” — Albert Einstein
El Ingeniero Regio
Dr. José Rubén Morones Ramírez
- Profesor e Investigador
- Centro de Investigación en Biotecnología y Nanotecnología (CIByN)
- Facultad de Ciencias Químicas
- Universidad Autónoma de Nuevo León.


