Más que una serie de funciones, DramaFest se posicionó en Nuevo León como un espacio de reflexión, intercambio cultural y formación artística, consolidando a Monterrey como un punto clave del diálogo teatral entre México y Polonia, con el respaldo de CONARTE y la Secretaría de Cultura del Estado.
La directora y gestora cultural Raquel Araujo Madera subrayó que el festival apuesta por procesos que trascienden el escenario, integrando pedagogía, creación colectiva y desarrollo de públicos. Destacó además que la comunidad teatral local cuenta con una identidad sólida y un público crítico, capaz de dialogar con propuestas escénicas complejas.
Uno de los ejes centrales del festival fue la formación artística. La participación del dramaturgo Arthur Paliga permitió a creadores locales trabajar directamente en ejercicios de escritura y análisis, mientras que talleres inspirados en la pedagogía teatral alemana pusieron el foco en la experiencia del espectador, más que en interpretaciones cerradas.
En el plano local, resaltó la obra “Todas somos Sherezada”, de Luis Guerrero, bajo la dirección de Víctor Hernández, como ejemplo de una poética regiomontana que fortalece la identidad teatral de Nuevo León y evita replicar modelos externos.
La curaduría de esta edición giró en torno a temas que regresan desde el pasado para cuestionar el presente, como la familia, la memoria y la violencia, confirmando al teatro como una herramienta crítica, social y comunitaria.
Con su paso por el estado, DramaFest dejó vínculos duraderos, procesos formativos y la certeza de que el teatro sigue siendo un puente cultural capaz de generar pensamiento, identidad y transformación so







