Enero siempre trae consigo la sensación de cambio. No porque todo cambie de golpe, sino porque algo —a veces muy pequeño— se activa por dentro: una decisión, una idea, una señal. Este arranque de año me recordó que, en ingeniería como en la vida, los sistemas más poderosos a veces son también los más discretos.
Piensa en un sensor de luz que enciende el alumbrado público al caer la noche. O en un termostato digital que regula la temperatura de un edificio sin que nadie lo note. O en un microinterruptor escondido dentro de una máquina, cuya única función es detectar una posición crítica y enviar una señal que detiene todo si algo va mal.
Estos sistemas tienen algo en común: no protagonizan la acción, pero la hacen posible. Son activadores silenciosos. Trabajan con condiciones precisas: cierto voltaje, cierta temperatura, cierto umbral. No intervienen antes, ni después. Solo cuando es necesario.
En la ingeniería, estos “disparadores” son fundamentales. Sirven para proteger, optimizar, automatizar. Sin ellos, los sistemas serían ineficientes, peligrosos o simplemente inestables. Y lo más interesante es que, una vez que hacen su trabajo, casi nadie los recuerda.
En estos días de arranque de año, a menudo sentimos presión por hacer grandes movimientos, por dar giros visibles. Pero quizá lo que necesitamos no es una explosión de energía, sino algo más parecido a un fotodiodo: detectar un cambio sutil en el entorno, y activarnos justo cuando sea el momento.
Tal vez ese libro que dejamos a medias, esa conversación pendiente, ese proyecto que lleva tiempo madurando, solo espera la condición adecuada para encenderse. No se trata de hacerlo todo ahora, sino de reconocer el momento exacto en que se activa el circuito del cambio.
La próxima vez que veas una lámpara encenderse sola al anochecer, recuerda: fue una pequeña célula de silicio, sensible y precisa, la que decidió que era hora de dar luz. A veces, lo más pequeño es lo que enciende lo más grande.
Y recordar que “La perfección se alcanza no cuando no queda nada por añadir, sino cuando no queda nada por quitar.” – Antoine de Saint-Exupéry
El Ingeniero Regio
Dr. José Rubén Morones Ramírez
- Profesor e Investigador
- Centro de Investigación en Biotecnología y Nanotecnología (CIByN)
- Facultad de Ciencias Químicas
- Universidad Autónoma de Nuevo León.
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