La Huasteca siempre ha sido escenario de senderismo, turismo, fotografías y contemplación. Para los habitantes del área metropolitana de Monterrey, sus paredes de calizas, sus pliegues afilados y sus cañones profundos son parte de la vida de los regios.
Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que ese paisaje que observamos desde la ventana o desde la carretera es, en realidad, el resultado de millones de años de historia geológica comprimida en roca. Esa historia fue la protagonista de la primera edición de las Jornadas por la Huasteca, un evento celebrado en la Casa de la Memoria Sampetrina, donde la ciencia, el arte y la comunidad se reunieron para reflexionar sobre el patrimonio natural.
En el programa, una servida ofreció la conferencia “Historia Geológica de la Huasteca” y Sierragrafía transformó la montaña en un ejercicio de memoria, creatividad y apropiación comunitaria, con la presentación de una conferencia y una actividad colectiva.
La Sierra Madre Oriental como archivo geológico
A las 15:00 horas, el auditorio de la Casa de la Memoria se llenó de asistentes que, por curiosidad o por amor a la Huasteca, querían comprender lo que rara vez se explica, ¿cómo se formó este paisaje?
La conferencia comenzó con una idea de presentar a la Sierra Madre Oriental como un archivo que guarda en sus capas de roca la secuencia de ambientes, procesos y fuerzas que han moldeado el paisaje del noreste mexicano.
Se explicó que las rocas que conforman la Huasteca son mayoritariamente rocas mesozoicas, formadas en antiguos mares donde se fueron depositando sedimentos ricos en carbonatos. Con el paso del tiempo, estos materiales se compactaron y cementaron por procesos de diagénesis, transformándose en las calizas y lutitas que hoy podemos observar cómo estratos bien definidos. Cada una de estas capas que se distinguen por su color, textura o contenido fósil, corresponden a un momento geológico específico.
La Orogenia Larámide
Sin embargo, lo que vemos hoy en la Huasteca no sería posible sin un episodio tectónico fundamental: la Orogenia Larámide. Durante este proceso, entre aproximadamente 80 y 40 millones de años atrás, la interacción de placas tectónicas provocó el levantamiento, compresión y transporte de grandes bloques de rocas hacia el noreste. Fue un evento de orogénesis, es decir, de formación de montañas mediante la deformación de la corteza terrestre.
En ese proceso se generaron las cabalgaduras, los sistemas de fallas y, sobre todo, los grandes anticlinales, esos pliegues convexos hacia arriba donde las rocas más antiguas quedan expuestas en el núcleo. La Huasteca es un gran ejemplo de ello pues es un paisaje donde las capas, antes horizontales, aparecen ahora inclinadas, dobladas o hasta verticales, creando sus características “paredes”.
Durante esta charla los asistentes participaron con preguntas que nos llevaron a reconocer que la Huasteca no solo como un sitio recreativo, sino como un patrimonio geológico de gran valor.
Sierragrafía: arte, identidad y territorio en un collage colectivo
Después de charlar sobre historia geológica, la jornada cambió de tono para recordar que la montaña también se siente y forma parte de nuestra identidad. La comunidad de Sierragrafía ofreció una presentación audiovisual sobre obras artísticas, fragmentos de paisaje, archivos y fotografías, con el propósito de evidenciar cómo La Huasteca ha sido fuente de inspiración, identidad y pertenencia para generaciones de regios.
Así mismo, se ofreció un taller de collage colectivo donde las y los asistentes pudieron reimaginar La Huasteca desde sus propias vivencias, usando imágenes del paisaje, fragmentos de textos, dibujos y recuerdos visuales. Sobre la mesa se presentaron recortes de mapas geológicos, fotos tomadas por la misma comunidad, ilustraciones botánicas e imágenes satelitales que, poco a poco, fueron encontrando nuevos significados en manos de quienes los intervenían. Más que un collage, el resultado fue una proyección colectiva de mensajes de resistencia, de cuidado y de esa memoria que la comunidad sigue construyendo alrededor de la Huasteca.
Ciencia, arte y comunidad: una misma defensa del territorio
Las Jornadas por la Huasteca demostraron que la protección del territorio no depende únicamente de políticas públicas o regulaciones ambientales. La defensa empieza en la memoria, en la apropiación y en la comprensión de las montañas. Cuando una comunidad entiende de dónde viene su montaña, el cómo se formó, por qué es única, qué la hace vulnerable, también se fortalece su voluntad de protegerla.
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