«Aquí en México todo va muy rápido. Los torneos duran cuatro meses y parece que todo debe cambiar en ese tiempo, es imposible… Ferguson estuvo siete años para ganar la primera liga con el United. Aquí no se tiene paciencia, yo estuve con el mejor del mundo y nos costó un año el primer campeonato», dijo Torrent semanas antes de ser despedido.
La anterior frase fue, para mí, la que sentenció la permanencia de Domenec Torrent en Monterrey. Exhibió que, pese a estar más de una temporada con Rayados, no entendió jamás que no estaba en Europa, sino en México.
No considero que sea “mediocridad” o “excusa” del español. Realmente se acostumbró a los procesos largos como en Europa. En el viejo continente sí existen las temporadas de prueba, los ajustes de plantilla, la paciencia con los entrenadores y los proyectos a largo plazo.
Como lo mencionó Torrent, Sir Alex Ferguson tardó hasta siete años en levantar un título; actualmente Mikel Arteta lleva seis años al mando del Arsenal y no tiene ni un trofeo de liga o Champions; ni qué decir de Diego “El Cholo” Simeone, quien ya suma 15 años en el Atlético de Madrid y apenas cuenta con dos títulos de liga.
No nos vayamos tan lejos: para que Ricardo Ferretti tuviera su época dorada con Tigres necesitó tres procesos distintos y algo de fortuna, como aquella Libertadores del 2015.
En fin, considero que Torrent tiene una visión de fútbol clara y respetable. Sin embargo, también es válido señalar que, más allá de haber sido auxiliar de Pep Guardiola en equipos gigantes, no ha logrado capitalizar un gran esquema futbolístico en los equipos que ha dirigido.
Estos entrenadores no suelen encajar en México. También se vio con Javier “El Vasco” Aguirre. Aquí el fútbol es resultadista por lo cortos que son los torneos, la competencia irregular y lo exigente que puede ser la afición, sobre todo en clubes que invierten fuerte como Cruz Azul, Rayados, América y Tigres.
En el fútbol mexicano se recuerdan más entrenadores como Robert Dante Siboldi, que consiguió un título con Tigres en apenas dos meses, más por motivación que por un proyecto sólido; o técnicos como Miguel Herrera, que aún viven de dos campeonatos que se dieron más por errores del rival que por lo táctico que haya construido con América.
El único que parece romper ese molde y mantener eficiencia inmediata es Antonio Mohamed, con un estilo frontal, sin preocuparse demasiado por lo extracancha y con el objetivo más simple del fútbol: meter más goles que el rival.


