Para muchos, la Navidad está asociada con nieve: techos blancos, copos cayendo, trineos y muñecos de nieve. Pero en ciudades como Monterrey, donde diciembre llega con más sol que escarcha, esa postal invernal parece un sueño lejano. Esta semana quiero contarte cómo la ingeniería ha hecho posible traer el invierno al trópico… literalmente, fabricando nieve donde no la hay.
La nieve artificial no es espuma ni confeti: es agua convertida en cristales sólidos, similares a los naturales, gracias a una combinación controlada de temperatura, presión y velocidad. Todo empieza con una máquina especializada que pulveriza agua a presión a través de pequeñas boquillas, formando gotas microscópicas que se enfrían rápidamente en el aire.
Pero aquí es donde entra la ingeniería y la termodinámica. Para que esas gotas se conviertan en nieve real y no en hielo o neblina, deben cumplir dos condiciones: una temperatura baja suficiente (idealmente por debajo de los -2 °C) y la presencia de núcleos de congelación, pequeñas partículas que permiten que el agua se cristalice. Algunas máquinas añaden incluso dióxido de carbono o compuestos específicos para facilitar esta nucleación.
La clave está en controlar el tiempo de vuelo de cada gota: si cae demasiado rápido, no se congela. Si se queda flotando lo suficiente en el aire frío, se convierte en un copo compacto y seco. Este principio, que parece sencillo, requiere cálculos de presión, flujo, temperatura ambiental y humedad relativa.
La nieve artificial ha salvado temporadas completas
En lugares como parques temáticos o pistas de hielo temporales en Monterrey, estas máquinas permiten crear una experiencia invernal en plena temporada navideña. Se diseñan estructuras cerradas o refrigeradas donde el ambiente puede mantenerse lo suficientemente frío para que la nieve artificial sobreviva durante horas o días.
Más allá del entretenimiento, esta tecnología también se utiliza en centros de esquí de baja altitud, en países que enfrentan inviernos cada vez más cálidos por el cambio climático. La nieve artificial ha salvado temporadas completas, permitiendo actividades económicas y deportivas que dependen de este recurso blanco y efímero.
La próxima vez que veas una pista de hielo improvisada en una plaza comercial, o una colina cubierta de nieve artificial para deslizarse, piensa que detrás hay un trabajo minucioso de ingeniería térmica, de dinámica de fluidos, y de física ambiental… todo al servicio de una ilusión blanca que sigue encantando a niños y adultos por igual.
Y recordar que “Lo que un hombre puede imaginar, otro lo puede lograr.” – Jules Verne
El Ingeniero Regio
Dr. José Rubén Morones Ramírez
Profesor e Investigador
Centro de Investigación en Biotecnología y Nanotecnología (CIByN)
Facultad de Ciencias Químicas
Universidad Autónoma de Nuevo León.
Te puede interesar: Trineos: deslizarse con elegancia por las leyes de la ingeniería – Identidad NL





