El pasado fin de semana, en la explanada del Papalote Museo del Niño Monterrey, dentro del Parque Fundidora, se celebró el Festival Nuevo León Biodiverso en el marco del Día del Patrimonio de Nuevo León.
Entre talleres, juegos y actividades para toda la familia, quedó claro que el patrimonio también vive en nuestros cerros, en nuestras historias y en la manera en que decidimos mirarlos.
Desde la comunidad de Sierragrafía tuvimos la oportunidad de compartir una pequeña muestra de ese diálogo entre ciencia, territorio y arte. Nuestro punto de partida fue uno de los cerros más emblemáticos del área metropolitana, el Cerro del Topo Chico.
Un relieve que, visto desde la geología, es un anticlinal formado por rocas sedimentarias del Mesozoico como calizas, lutitas y margas y que además forma parte de la gran cadena montañosa de la Sierra Madre Oriental.
Pero la montaña no es solo un montón de rocas, sino que también es memoria, biodiversidad y paisaje cultural. En sus laderas predomina el matorral submontano, donde conviven agaváceas, crasas y flores que atraen polinizadores.
Entre los senderos de Topo Chico habitan especies como el cacomixtle norteño o el tlacuache, además de una gran diversidad de aves e insectos que forman parte del patromonio natural del noreste mexicano.
Hay que mirar el cerro
Durante el taller propusimos algo sencillo, mirar el cerro desde diversos puntos de vista. Hablar de su geología, de sus historias y de las obras artísticas que ha inspirado, y luego imaginar cómo representarlo colectivamente.
Sierragrafía nace justamente de esa idea, construir una cartografía donde las montañas también puedan narrarse a través de la identidad.
En esta ocasión, el equipo que compartió la experiencia estuvo integrado por una servidora, Yadira Antonio y todo el grandioso equipo de colaboradores: María Isabel Araujo Alvarado, Luis Alberto Robledo Solano, Emma Partido Quinto, Daniel Viveros Ramírez y Cecilia Bautista Sánchez, quienes se esforzaron para acercar a las y los asistentes a la historia natural y cultural del cerro.
En una época en la que el área metropolitana de Monterrey crece con rapidez, recordar el valor del paisaje montañoso que nos rodea es más urgente que nunca. El patrimonio natural como los cerros, el agua, la flora y la fauna, es parte fundamental de nuestra identidad cultural.
Quizá por eso ver a niñas y niños modelando su propio cerro del Topo Chico fue uno de los momentos más significativos del festival. Proteger el patrimonio natural comienza por aprender a reconocerlo como propio.
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