Proyección Tierra Igualitaria
Recuerdo que cuando era niña mi familia tenía una papelería, una tiendita de artículos escolares y regalos varios. Entre lo que se vendía, se encontraban cosas que seguramente la actual chaviza denominaría vintage; por ejemplo, hojas de calcas, hojas decoradas, monografías de temas infinitos, biografías que uno pegaba en el cuaderno sin antes copiar el texto -porque para eso estaban- y, claro mapas, cientos de mapas.
Ahora que lo pienso, algunos probablemente eran copia tras copia en blanco y negro, de esas que con el tiempo terminan con las letras y líneas desdibujadas. Había mapas con divisiones políticas que hoy nos parecerían extrañas y con países que ya ni siquiera existían en ese momento, como la Unión Soviética. Para hacer la tarea de geografía, lo que realmente mandaba era el Atlas de quinto de primaria de la SEP (que por cierto BU$CO, por si alguien lo tiene) y, para los adultos pro max, la siempre confiable Guía Roji.
Es bastante revolucionario cuánto han cambiado los mapas en apenas algunas décadas y también es muy valiosa la importancia que hoy día se les da.
Actualmente ya no necesitamos sacar un mapa doblado de la mochila para encontrar una dirección. Abrimos Google Maps o Waze y, en segundos, sabemos dónde estamos, qué ruta tomar, cuánto tráfico encontraremos o qué alternativas tenemos. Los mapas también acompañan nuestras caminatas, carreras y recorridos en bicicleta mediante aplicaciones como Strava o Adidas Running, que registran distancias, tiempos y trayectos. Incluso al pedir un Uber o DiDi, basta con introducir un destino y dejar que el mapa haga el resto.
En el ámbito académico y profesional, los mapas son fundamentales para estudiar el territorio, analizar los cambios del paisaje, planear ciudades, gestionar recursos naturales, responder ante emergencias y tomar decisiones sobre casi cualquier actividad que se pueda georreferenciar. Instituciones como el INEGI generan información cartográfica y geográfica para conocer nuestro territorio. Además, proyectos colaborativos como Humanitarian OpenStreetMap Team, promueven y apoyan la creación de datos geográficos como respuesta ante desastres y necesidades humanitarias.
Los mapas, más allá de mostrarnos el norte, son herramientas que representan la vida y la dinámica en la Tierra (y en otros planetas también), casi con cualquier cosa a la que le podamos asignar una coordenada.
La Tierra tiene un volumen más o menos esférico y los mapas que utilizamos normalmente están representados sobre una superficie plana. Eso significa que, al “estirar” esa esfera, inevitablemente algo tiene que deformarse. Pueden ser áreas, formas, distancias o todas juntas.
Uno de los ejemplos más conocidos es la proyección de Mercator, desarrollada en el siglo XVI y fue creada para facilitar la navegación. La gran ventaja era que conservaba los ángulos y permitía trazar determinadas rutas de navegación, sin embargo, en esta proyección hay distorsión en los tamaños de los territorios (países y continentes).
En esta proyección, las regiones cercanas a los polos aparecen considerablemente ampliadas. Por eso Groenlandia puede parecernos gigantesca en comparación con África, por ejemplo, cuando en realidad África tiene una superficie mucho más amplia.
No es que los mapas nos mientan o se equivoquen, sino que se trata de un problema matemático y geométrico. No podemos trasladar una esfera a un plano sin que algo se deforme. El asunto está en saber para qué necesitamos el mapa y qué es lo que queremos representar en él. ¿Lo necesitamos para navegar, comparar superficie o simplemente que sea visualmente más acertado? Es por ello que existen las proyecciones cartográficas.
Una de estas proyecciones es Equal Earth, una proyección de áreas equivalentes desarrollada por Bojan Šavrič, Tom Patterson y Bernhard Jenny y publicada en 2018. Su propósito es ofrecer una alternativa a las diferencias de áreas correspondientes al territorio. Esta proyección ahora es apoyada por las Naciones Unidas, iniciativa impulsada por Togo y países africanos, donde se está buscando corregir las distorsiones que se observan en la proyección de Gerardus Mercator.
En Equal Earth, África recupera parte de ese protagonismo y tamaño que “pierde” casualmente en Mercator. América del Sur también adquiere una presencia acorde a su superficie real. Groenlandia deja de parecer un territorio tan gigante y regresa a una dimensión cercana a la que verdaderamente tiene. Acá se encuentran los fundamentos científicos de esta proyección: https://www.researchgate.net/publication/326879978_The_Equal_Earth_map_projection
Hoy día sabemos y tenemos presente que un mapa, más allá de representar un territorio, también influye en la manera en que lo imaginamos y la narrativa con la que entendemos el mundo. Por este motivo, en un planeta que cambia constantemente, el mantener la información cartográfica actualizada es una necesidad.