Cuando pensamos en energía, solemos imaginar enchufes, pilas o gasolina. Pero dentro de millones de autos, camiones y motos, hay una forma de energía más directa y poderosa: pequeñas explosiones contenidas que transforman combustible en movimiento. Esta semana quiero contarte cómo funciona el motor de combustión interna, porque detrás de cada kilómetro recorrido hay una obra de ingeniería que, aunque invisible, sigue marcando el ritmo de la modernidad.
El principio es simple, pero brillante. Una mezcla de aire y gasolina entra a un cilindro cerrado. Un pistón la comprime. Una chispa la enciende. La explosión empuja el pistón hacia abajo. Ese movimiento se transmite a un cigüeñal que convierte el vaivén en rotación. Y así se mueven las ruedas. Todo ocurre cientos de veces por minuto, con precisión casi quirúrgica.
Pero la verdadera magia está en la coordinación. El motor funciona en un ciclo de cuatro tiempos: admisión, compresión, explosión y escape. Cada uno ocurre en distintos cilindros de forma alternada, como una sinfonía mecánica. Esta danza controlada permite que el auto arranque, acelere y se detenga con solo presionar un pedal.
Un modelo eficiente
Lo más sorprendente es su eficiencia pese a las pérdidas. Apenas el 30% de la energía del combustible se convierte en movimiento útil. El resto se pierde como calor. Y, aun así, ese pequeño porcentaje ha sido suficiente para construir autopistas, mover mercancías, cruzar continentes y cambiar para siempre el diseño de las ciudades.
También hay belleza en su evolución. Desde los primeros motores de Nikolaus Otto y Karl Benz hasta los complejos sistemas actuales con inyección electrónica, sensores, turbocompresores y control de emisiones, el motor de combustión ha sido una prueba de cómo la ingeniería mejora lo que ya parecía insuperable.
Hoy vivimos una transición. Los motores eléctricos ganan espacio, las baterías avanzan, y las ciudades repiensan su movilidad. Pero mientras tanto, el motor de combustión interna sigue siendo el corazón palpitante de buena parte del mundo.
La próxima vez que escuches rugir un motor, piensa que estás presenciando una serie de explosiones controladas —precisas, potentes y elegantes— que representan uno de los mayores logros de la ingeniería moderna.
“Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.” — Arthur C. Clarke
El Ingeniero Regio
Dr. José Rubén Morones Ramírez
- Profesor e Investigador
- Centro de Investigación en Biotecnología y Nanotecnología (CIByN)
- Facultad de Ciencias Químicas
- Universidad Autónoma de Nuevo León.
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