Cada vez es más común escribir una pregunta a ChatGPT y recibir, en segundos, una respuesta bien redactada, clara y sorprendentemente útil. Para muchos, eso parece inteligencia. Para otros, casi magia. Pero detrás de los GPTs no hay pensamiento, conciencia ni intención. Hay algo distinto —y quizá más fascinante—: ingeniería en su máxima expresión.
Un GPT no “sabe” cosas ni entiende lo que dice. Lo que hace es predecir, palabra por palabra, cuál es la siguiente más probable dada una enorme cantidad de texto previo. Su habilidad para conversar no viene de comprender el lenguaje como lo hacemos los humanos, sino de haber sido entrenado con volúmenes masivos de información y de aprender patrones estadísticos a una escala nunca antes vista.
Aquí es donde aparece la ingeniería. Entrenar un modelo así requiere infraestructuras de cómputo gigantescas, algoritmos de optimización refinados, sistemas de almacenamiento eficientes y una cuidadosa selección de datos. No es solo inteligencia artificial: es ingeniería de datos, de software, de hardware y de sistemas trabajando al unísono.
Además, hay decisiones clave que no son científicas, sino ingenieriles: cuánto puede tardar en responder, cuánta energía consume, cómo se controla el error, cómo se limita el uso indebido, cómo se adapta a distintos contextos. Un GPT no es solo un modelo matemático; es un sistema diseñado para funcionar de forma confiable, repetible y útil en el mundo real.
No busca remplazar a los humanos
Lo interesante es que esta tecnología no busca reemplazar el pensamiento humano, sino amplificarlo. Un GPT no tiene criterio, pero puede ayudarte a organizar ideas. No tiene creatividad propia, pero puede acelerar procesos creativos. No razona como una persona, pero puede servir como herramienta para aprender, escribir o programar.
Como ocurre con muchas tecnologías exitosas, lo más probable es que pronto dejemos de notarlos. Así como hoy damos por sentado el GPS, el correo electrónico o el corrector ortográfico, los GPTs se integrarán silenciosamente a nuestro día a día. Y cuando eso pase, habrán cumplido su objetivo ingenieril más importante: funcionar tan bien que dejen de parecer extraordinarios.
La próxima vez que converses con un GPT, recuerda que no estás hablando con una mente, sino interactuando con una de las obras más complejas de la ingeniería moderna. Una máquina que no piensa, pero que fue diseñada con enorme inteligencia humana detrás.
Y recordar que “La inteligencia artificial es impresionante, pero no es inteligente.” – Douglas Hofstadter
El Ingeniero Regio
Dr. José Rubén Morones Ramírez
- Profesor e Investigador
- Centro de Investigación en Biotecnología y Nanotecnología (CIByN)
- Facultad de Ciencias Químicas
- Universidad Autónoma de Nuevo León.
Te puede interesar: Ingeniería: el puente entre las ideas y la realidad – Identidad NL





