Durante años, el desarrollo turístico en México ha sido presentado como sinónimo de progreso. Frecuentemente se ha promocionado con más visitantes, más hoteles y más infraestructura bajo la promesa de crecimiento económico.
Sin embargo, la reciente propuesta y posterior rechazo del megaproyecto de Royal Caribbean en Mahahual obliga a mirar el territorio desde una perspectiva más consciente y desde los procesos geológicos y naturales que sostienen la vida en las costas mexicanas.
El proyecto contemplaba una inversión cercana a los mil millones de dólares en un complejo turístico de 107 hectáreas, con toboganes, ríos artificiales, restaurantes y amenidades para recibir hasta 20 mil visitantes diarios. Más allá del valor económico de la inversión, resulta alarmante pensar en construir sobre un territorio geológica y ecológicamente vulnerable.
La costa sur de Quintana Roo forma parte de una región kárstica integrada principalmente por rocas calizas. Las calizas son rocas sedimentarias compuestas por carbonato de calcio, originadas a partir de restos de organismos marinos acumulados durante millones de años en antiguos ecosistemas marinos, tan importantes como los actuales.
Aunque estas formaciones parecen sólidas y resistentes, el agua tiene la capacidad de disolverlas lentamente con el paso del tiempo. Gracias a este proceso natural se forman cenotes, cuevas, colinas y ríos subterráneos que caracterizan la biodiversidad de la Península de Yucatán.
Las megaconstrucciones en esta región implican alterar el suelo mediante excavaciones y cimentaciones que afectan directamente los acuíferos subterráneos. Manglares, humedales y arrecifes dependen precisamente del equilibrio entre roca, agua y circulación subterránea.
Mahahual, no es cualquier cosa
Los manglares y humedales funcionan como filtros naturales y barreras de protección frente a la erosión costera y los huracanes, fenómenos frecuentes en esta región del Caribe mexicano. Además, Mahahual se encuentra cerca de una de las barreras arrecifales más grandes del mundo, un ecosistema extremadamente sensible a cambios en la salinidad, sedimentación y calidad del agua.
Descuidar, destruir o modificar estos sistemas incrementa la vulnerabilidad de toda la costa ante fenómenos cada vez más intensos asociados al cambio climático.
También resulta ampliamente recomendable la lectura de Una aproximación a la geografía física del sur de Quintana Roo, Península de Yucatán, México, de Torres y Martínez, publicado en 2010, donde se explica a detalle la importancia geológica y ambiental de esta región desde la perspectiva del ordenamiento territorial y el desarrollo sustentable.
El medio ambiente y la geología establecen límites que no desaparecen por decretos ni por inversiones económicas. Permitir la destrucción disfrazada de progreso puede generar daños irreversibles en ecosistemas que durante siglos han mantenido un delicado equilibrio natural.
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