A poco más de un año de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la ciudad de Monterrey da un paso estratégico: la Casa de Líderes Humanista fue designada como sede oficial del programa de legado social del torneo, con un enfoque centrado en educación, sostenibilidad y desarrollo comunitario.
El anuncio fue realizado por Alejandro Hütt Valenzuela, Office Hall City Manager de la sede regia, quien destacó que este proyecto lleva más de tres años en planeación y ya ha sido presentado ante áreas funcionales de FIFA en México, Miami y Zúrich.
“Este proyecto fue reconocido incluso por expertos internacionales en sostenibilidad y derechos humanos, quienes ven en Monterrey un modelo a seguir para futuras ciudades mundialistas”, explicó.
Monterrey busca ser referente global
Con 16 ciudades anfitrionas en el Mundial 2026, Monterrey apuesta por diferenciarse a través de su estrategia de legado social. Entre los planes más ambiciosos destaca la creación de un programa permanente de becas educativas en alianza con la Universidad Autónoma de Nuevo León.
El objetivo: otorgar mil becas anuales —denominadas “becas mundialistas”— que, a largo plazo, podrían beneficiar a decenas de miles de jóvenes.
“En 20 años podríamos hablar de 20 mil estudiantes apoyados gracias al Mundial”, subrayó Hütt Valenzuela.
Partido histórico impulsará iniciativas
El proyecto también se vincula con el partido número 1000 del torneo, programado para el 20 de junio en el Estadio BBVA, donde se enfrentarán Túnez y Japón. Este encuentro no solo será simbólico en lo deportivo, sino que detonará una serie de actividades sociales y educativas.
Incluso se prevé la posible visita de Gianni Infantino, lo que reforzaría la visibilidad internacional del programa.
Legado más allá del fútbol
Además del componente educativo, el plan incluye exposiciones y actividades culturales en el Centro Eugenio Garza Sada, con el fin de involucrar a la comunidad regiomontana antes, durante y después del Mundial.
Autoridades locales y representantes del sector educativo coincidieron en que este modelo busca dejar beneficios tangibles que perduren décadas, posicionando a Monterrey no solo como sede deportiva, sino como ejemplo de impacto social a nivel global.





