Luego de tres años y medio (tomando en cuenta que el último Mundial fue en diciembre), hoy arranca el Mundial FIFA 2026. México, al sólo obtener menos del 20% de los partidos de todo el certámen, mínimo acaparó la inauguración en el Estadio Banorte.
No, ya no es el majestuoso Coloso de Santa Úrsula o Estadio Azteca, las marcas publicitarias y lineamientos de la FIFA obligaron a la federación a cambiar el nombre del recinto más histórico del fútbol en México. Y esto está ocurriendo con la mayor parte de aspectos de este Mundial.
El fútbol se está alejando de los mexicanos: Las plataformas de streaming para ver el Mundial en casa, cuales sus suscripciones son equitativas a una semana de gastos para muchas familia; además, de los precios para acudir a un partido mejor no hablamos, inaccesibles para la mayoría de la población.
Así como se sesga a los mexicanos entre quienes sí y quienes no pueden ingresar al Estadio, también se priva en otros sentidos; por ejemplo, el hecho de que no todos los restaurantes pueden pagar licencias de cientos de miles de pesos para transmitir los partidos golpea al comercio local y también evita que más y más aficionados disfruten la justa mundialista.
Los Fan Fest en todas las sedes, por más que pregonen «la inclusión y la accesibilidad«, cuentan con espacios VIP costosos, precios de consumibles exorbitantes para la ciudadanía en general y, lo peor, que sólo algunos estados/ciudades podrán pagarlos. No dejemos de lado el costo que representa al erario público, mismo que tampoco se pueden permitir algunas comunidades y, de nueva cuenta, se priva de ello.
«Los que tienen la concesión la verdad nos cobran muy caro, nos cobran dos millones de pesos por un solo punto para transmitir, para 1,000 personas, entonces dijimos pues no», dijo la alcaldesa de Veracruz, Rosa Hernández Espejo.
Y de la Selección ni hablemos. Como lo mencioné antes, está cada vez más aislada, juegan más partidos en Estados Unidos y algunos jugadores ni siquiera son bien recibidos en el país. Y tal vez los antecedentes tampoco acompañan el entusiasmo, ya que la Selección de México jamás ha ganado un partido de inauguración.
Por más que el Mundial sea en casa, se siente muy lejano. Tal vez sean todas las restricciones, los altos costos, la preferencia a Estados Unidos, entre muchos otros aspectos como marchas por asuntos sociales y políticos que parecen no tener solución.
Pero el fútbol y el color siempre lo impondrá la gente. Los «ciudadanos de a pie» aún se aferran a su jersey no original (que también están restringidos por la FIFA), a los pocos encuentros televisados por T.V. abierta, a las escasas «retas» o «cascaritas» en la calle, a escaparse un par de horas del trabajo o la escuela para ver el partido, y todo lo que sólo el magnífico e incomparable patriotismo mexicano está acostumbrado a hacer.





