Mientras Nuevo León presumía al mundo que estaba listo para recibir el Mundial, la realidad seguía pasando… y no precisamente en las canchas.
Durante los días del Mundial hubo de todo: problemas de inseguridad, falta de servicios básicos, inundaciones, fallas en el transporte público y hasta el desvío de personal para atender eventos relacionados con la justa deportiva, como la caravana norteño-holandesa. Los partidos, por cierto, difícilmente habrían llenado sus tribunas sin el apoyo de los tradicionales acarreados.
El Fan Fest también dejó más de una polémica. En varias ocasiones la organización se salió de control y, lamentablemente, una persona perdió la vida al ahogarse en las inmediaciones del evento.
En el terreno político tampoco faltaron los momentos que dieron de qué hablar. El gobernador Samuel García decidió trasladarse en un helicóptero Black Hawk para recibir a apenas 30 aficionados holandeses que cruzaron la frontera a bordo del Orange Bus. A eso se sumó la ya conocida y cuestionada declaración del «Modo Party».
Pero mientras las cámaras enfocaban la fiesta mundialista, miles de ciudadanos enfrentaban otra realidad. En García continuaban las manifestaciones por la falta de agua. Después de una tormenta, otros miles se quedaron sin energía eléctrica y las inundaciones en avenidas como Gonzalitos y Fidel Velázquez dejaron una imagen de Nuevo León que el gobernador Samuel García, seguramente no quería mostrar al mundo.
Inseguridad
La violencia tampoco dio tregua. Tres elementos de Fuerza Civil perdieron la vida durante un ataque de un grupo criminal. También hubo camiones urbanos incendiados por fallas eléctricas; sí, de esos camiones verdes que, según el Gobierno estatal, ya suman cuatro mil unidades.
Y por si algo faltaba, el Monorriel fue llevado a realizar pruebas antes de tiempo para que pudiera lucirse ante los asistentes al Fan Fest, aun cuando el proyecto sigue sin concluir.
El Mundial terminó en Nuevo León. Se fueron las transmisiones internacionales, los reflectores, las caravanas y la fiesta. Pero aquí se quedaron las calles inundadas, los ciudadanos sin agua, las familias sin luz, un transporte que sigue fallando y una inseguridad que no dio tregua ni siquiera durante el evento más importante del planeta.
La lección es sencilla: gobernar no consiste en organizar una fiesta de un mes para las cámaras. Gobernar es resolver los problemas que permanecen cuando los turistas regresan a casa y los estadios quedan vacíos. Porque el verdadero partido nunca se jugó en la cancha; se jugó en las calles de Nuevo León… y ese, hasta ahora, sigue perdiéndolo el gobierno.
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